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un poco de paz

-¿Usted por qué me mira?
-Yo no lo miro.
-¡Sí me mira! ¿Le debo algo?
-Señor, le digo que no lo miro.
-Sí señor me estaba mirando. Lo mandaron a vigilarme.
-Sólo estaba pensando. Tengo muchos problemas.
-Está mintiendo. Usted me miraba insistentemente.
-Está delirando. Estoy tratando de encontrar un poco de paz.
-No es así. Me miraba tratando de provocarme. Seguro que es un sicario enviado por la loca de mi ex mujer.
-Cállese la boca por favor. Está diciendo tonterías. Paz, sólo quiero una pizca de paz, de silencio.
-Usted no quiere paz, usted me está persiguiendo.
-Señor, no sé quien es usted ni me interesa. Cierre su boca y no me haga enojar, no me altere o esto termina mal.
-Si no me miraba a mí miraba a mi novia. Se la quería levantar.
-No me interesa su novia. ¡No me gustan las mujeres!
-¡No mienta! Su mirada era toda impudicia y grosería cuando mi novia se levantó para comprar una revista.
-Usted es un loco para internar. No sabe lo que dice ni con quién se mete. ¡Le exijo mutismo absoluto, ni una palabra más, basta, stop!
-¡Qué mutismo absoluto! ¡Qué stop! Un mirón de cuarta no me va a hacer callar.
-¡Sí te vas a callar a partir de este mismo momento! ¡Es tu última oportunidad!
-¡Que última oportunidad! ¡Vos necesitás una buena paliza que te ponga en el justo lugar y eso es lo que vas a recibir!
Luego del agresivo discurso, el interpelante se abalanzó sobre el interpelado para concretar su violenta promesa. Con un pase de torero el interpelado hizo que el intemperante pasara de largo, al tiempo que su mano derecha volaba bajo el saco extrayendo un arma relevante. El sonido del disparo coincidió con el orificio sangrante que se dibujó entre los ojos del interpelante.
-Tenías razón, soy un sicario, pero hoy era mi día libre. ¡No hay caso! ¡Imposible conseguir una pizca de paz en este mundo violento y hostil!

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