Free Counter and Web Stats

sin límites

Juan se despertó con una franca sonrisa. Se levantó de un salto, abrió las ventanas y un cielo celeste sin nubes coincidió con su estado de ánimo.
Se miró al espejo en voz alta y se dijo "Feliz cumple, Juan, hoy será un gran día". Se afeitó con cuidado, se duchó disfrutando de la lluvia tibia, se secó, eligió la mejor ropa deportiva que tenía y satisfecho con su apariencia salió de su casa, se subió al auto recién comprado y puso rumbo al aeropuerto.
Hoy, después de dos semanas de nostálgica espera, su esposa Graciela y su hijo Miguel, de apenas seis años, retornaban de la corta visita a la familia de su mujer que residía en Madrid.
El auto se llenó de música romántica tarareada por Juan. Llegando a la estación aérea apreció un movimiento inusual que en un primer momento le pareció curioso y que empezó a preocuparlo. Un cordón policial no dejaba estacionar hasta quinientos metros antes de llegar al aeropuerto.
La ansiedad se instaló en el ánimo de Juan. A la distancia podía apreciar una columna de humo, a medida que se acercaba a la estación aérea los malos pensamientos se acrecentaban. Al llegar, el presagio pesimista se transformó en una amarga realidad. El avión Madrid - Buenos Aires, por motivos ignorados se había estrellado a pocos metros de la pista de aterrizaje. No había sobrevivientes.
A partir de ese día Juan dejó de ser. No podría resignarse nunca a la terminante
ausencia de su esposa Graciela y su hijo Miguel. Se olvidó del trabajo, los amigos, la familia, los paseos. Todo el día junto a las tumbas de Graciela y Miguel. En una semana había envejecido, dejó de hablar y los ojos rojos indicaban que el llanto no lo abandonaba.
Tuvo una leve mejoría al décimo día, cuando empezó a soñar con ellos. Paseaba de la mano con Graciela por la plaza de siempre, mientras Miguel se encargaba de un inmenso paquete de pochoclos, la calesita, las primeras gambetas del mocoso, una maravilla.
Por la mañana, la dura realidad lo llevaba al llanto a la depresión. Con barba de varios días, sin bañarse, compraba toneladas de flores con las que llenaba el frío mármol de las tumbas de su esposa e hijos. Junto a ellas permanecía hasta el anochecer.
Cuando volvía a la casa, se metía vestido en la cama y apuraba el sueño que compartía con Graciela, Miguel y los lugares donde el amor de ese trío fantástico había sido ilusión y verdad.
Paulatinamente, sus sueños pasaron a ser el espacio de tiempo diario de mayor trascendencia en la vida de Juan. Decididamente no soportaba más la diaria realidad.
Una noche, antes de que el sueño se desvaneciera, les planteó su deseo de acompañarlos, de marchar con ellos. Gloria y Miguel prometieron que lo consultarían con las autoridades del mundo de las almas nobles.
Pasaron varios sueños y la respuesta de Gloria y Miguel siempre era igual: que no tenían noticias, que no les habían contestado el reclamo.
Una noche, su esposa y su hijo llegaron a su fantasía con una sonrisa.
- Te aceptaron -le dijo Graciela a Juan-, nos están esperando.
Juan, emocionado, abrazó a su esposa e hijo.
-¿Y cómo llegaré al paraíso? ¿Cómo accederé al mundo de las almas nobles?
-Te acompañaremos. Partiremos desde la ventana del living. Volando llegaremos al destino final.
Acto seguido se toman de la mano. Juan en el medio, a la diestra Graciela, a la izquierda Miguel. Desde la vereda que enfrentaba la casa de Juan, un vecino lo vió parado en
la ventana y comenzó a gritar:
-¡No te tires, Juan! ¡No te tires!
Pero Juan no escuchaba nada. Estaba fuertemente tomado de las manos de Graciela y de Miguel.
-¡A volar! -exclamaron Graciela y Miguel.
-¡A volar! -gritó Juan.
Y se lanzaron.
El vecino jura y rejura que Juan se arrojó, pero que en lugar de caer comenzó a volar; lo siguió con la mirada hasta que se perdió mezclándose entre las estrellas.
Juan, desde ese momento, fue ausencia. Nada se supo de él, se desvaneció de manera inexplicable para la razón.
En el mismo momento en que por televisión un especialista en fenómenos incomprensibles se explayaba sobre Juan y su misteriosa experiencia, en algún lugar del mundo de las almas nobles, sobre un verde césped, bajo un techo de cielo intensamente celeste, con un lago manso rodeado de montañas plena de pinos, el trío invencible festejaba el milagro de estar juntos, el glorioso triunfo del amor sin límites.

1 comentario:

  1. Un cuento muy angustiante al principio pero mejora el final. Ojala la vida pudiera parecerse a este cuento pero creo que no es asi y por eso nos gusta y nos angustia leerlos. Me quedo con una sensacion bien rara

    ResponderEliminar